Un Hombre Silencioso

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Un Hombre Silencioso

Castellano.

El tiempo se paró en él. Tumbado y con gesto serio, el cadáver parecía un muñeco de cera en el ataúd y no sabríamos decir qué es lo que perdemos, pero se nota cuando ya no está. Como todos los que allí velamos, entramos y salimos de vez en cuando, pues el cuerpo pesa más de la cuenta en ese espacio. Voy a la cafetería, me siento en una mesa y pido algo de beber. Tengo mucha sed pues, el calor del verano y el aire acondicionado me seca la garganta. O quizás sea una excusa para descansar la mente de la gravedad del lugar. En ese momento, entra en la cafetería un hombre silencioso y con mucha calma.

El señor, que tiene una chepa peculiarmente rectangular dándole un aspecto muy pintoresco, se acerca a la barra para pedir algo cuando justo, suena un timbre en la sala. La camarera reacciona ante el sonido, se disculpa por no atender al señor encorvado, coge unas llaves y abandona apurada la cafetería prometiendo volver pronto; dejando al hombre encorvado con la palabra en la boca. Sin saber muy bién qué pasó, el hombre espera en la barra, con la mirada al frente, sin moverse y sin decir nada. La chica tardaba en volver pero el hombre encorvado conserva su posición con la mano en puño apoyada en el mostrador; mirando, de vez en cuando, hacia la puerta de la entrada.

Después de un buen rato, la camarera vuelve a la cafetería charlando con unos trabajadores del lugar, quienes se sientan en las mesas de la cafetería. Mientras tanto, el hombre silencioso espera paciente con el puño apoyado en la barra y mirando a la camarera y a la puerta de salida. Al tercer vistazo, el hombre encorvado baja el brazo de la barra, da media vuelta y se va como llegó: encorvado, con calma y silencioso.

Galego.

O tempo detívose nel. Tombado con xesto serio, o cadáver parecía un boneco de cera no cadaleito.  O que nos da a vida, marcha; e non saberíamos que é o que perdemos pero, nótase. Coma todos os que alí velamos, entramos e saímos de vez en cando pois, pesa o corpo máis da conta nese espazo. Voy á cafetería séntome nunha mesa e pido de beber. Teño moita sede pois, a calor do verán e o aire acondicionado, sécanme a gorxa. Ou quizás fose unha escusa para descansar a mentes da grávidade do lugar. Nese intre, chega á cafetería un home silencioso e con moita calma.

O vello, que ten a chepa rectangular dándolle un aspecto pintoresco, achégase a barr para pedir algo cando xusto, soa un timbre na sala. A camareira colle unhas chaves e marcha apurada da cafetería desculpándose co vello encorvado por ter que facer outra cousa, prometendo volver pronto para atendelo e deixando ao home tullido coa palabra na boca. Sen saber moi ben que pasou, o home espera na barra, sen moverse e sen mirar para ninguen.

A rapaza tardaba en voltar. O home tullido, sen dicir nada mantiña a sua posición cara o mostrador coa man en puño apoiada nel. De cando en cando, votaba unha ollada cara a porta da entrada. Dubidoso.
Despois dun bo anaco, a camareira volve ó seu posto detrás da barra. Con ela, viñan conversando uns traballadores do lugar que sentan nas mesas da cafetería. A camareira seguía enleada a falar cos homes. Namentres, o home silencioso espera paciente có puño apoiado na barra e votando olladas á porta de saída dubidando se marchar o esperar un pouco máis a que o atendesen. Tras mirar de soslaio tres veces a saída, baixa o brazo, da media volta e marcha coma chegou: encorvado, paseniño e silencioso.

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