el valor de impartir clases particulares

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Hace ya 10 años, en la universidad de Vigo, aprobé el máster en profesorado. Fue un máster con prácticas en un instituto público, el mismo donde me había graduado en la ESO. Tras esto, caí en el abismo del paro; una red en la que aún hoy, me da miedo volver a caer. Es un gran hoyo que produce desazón y parece ser interminable. Sin embargo, un día, sentada con un buen amigo en la cafetería del campus de Google, me dijo: ¿porque no te apuntas a esta web? Y eso mismo hice al día siguiente. Por eso ahora puedo contaros cual es el valor de impartir clases particulares porque, tras 4 años desde ese primer alumno, puede sonar a solucionar fácil pero nada más lejos de la realidad. Me abrió un camino injustamente lento.

Durante estos cuatro años he impartido clases de dibujo con especialidad en ilustración y cómic. Mi gran dificultad fue fijar un precio. Quería que mis clases pudiesen ser accesible a pesar de ofrecer una especialidad y ser justa con el valor de mis clases. Pero también tienes que mantener la empresa. Detrás hay personas, materiales y espacios que hay que cubrir. Todo un equipo que tienes que contratar incluso antes de tener dinero en el bolsillo. Esto es importante puesto que, para poder emitir facturas, tienes que: o saber sobre administración y contabilidad o contratar a un gestor. A estas alturas puedo decir que controlo de muchas cosas pero la parte de contabilidad, no me la he querido ni jugar ni dedicarle tiempo. Ya estaba muy agotada de aprender a gestionar el 99% de mi actividad yo sola y además en algo que, de hacerlo mal, puede arruinarte en un futuro a medio o largo plazo. En definitiva, tuve que pedir el dinero a los clientes por adelantado para poder darme de alta y ser una empresa con todas las de la ley.

Como os decía, tenía todo un dilema con el coste de las clases: decidí hacer un estudio de mercado aproximado con los precios que encontré en las plataformas de búsqueda de profesores ¡Y comencé a dar clases! Durante mi experiencia he dado talleres impartiendo a más de cien alumnos a la vez, en grupos de treinta, en grupos reducidos de diez, a parejas y clases individuales. Todas presenciales hasta el 2020. El año donde comenzó la pandemia y terminé mis clases presenciales. A partir de aquí, tuve que aventurarme en el mundo de las clases online.

Y funcionó.

Comencé ofreciendo clases individuales, en pareja y grupos de tres. He podido vivir lo mejor y lo peor de cada uno de ellos. Después de un año, puedo decir que, no hay mejor clase que la individual. Para aprender digo. A la hora de socializar y compartir intereses, es mejor grupos pero, los objetivos son diferentes en cada caso.

Este año, en estudio de arte, hemos decidido impartir únicamente clases individuales. Dirigidas a una o formación dirigida y adaptada a cada necesidad. A prestar atención 100% a un alumno. A dedicar todas las energías durante el tiempo que dure la clase, a una sola persona. Poder atender cada duda, cada pregunta, cada problema. Durante este tiempo he podido comprobar que cuando compartes tu tiempo entre varios alumnos, aunque sólo sean dos, la calidad de esa formación queda mermada

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